lunes, 21 de noviembre de 2011

Thoughts of a not-so-teenage kid.

¿Cuántos van ya?. Varios. Y varias. Varias cosas, varias personas, varios sucesos, varios.
La humillación no es algo que se pueda describir perfectamente. Es como la mezcla de muchos sentimientos. Arrepentimiento, tristeza, vergüenza, enojo... y todo tiene un denominador común: la humillación.
Uno puede sentirse humillado de muchas maneras, incluso indirectamente.
Uno puede sentirse humillado, sin haber sido humillado realmente.
O puede sentirlo como algo muy personal, cuando en realidad, no era la gran cosa, ni uno era el centro de atención, y lo que uno siente como una humillación no era otra cosa que un suceso más en la vida de otra persona.
Pero, ¿si no es así? Si en realidad, una persona hace algo, y desencadena una humillación, que tal vez no era exagerada, pero era humillación al fin.
¿Qué pasa cuando hay muchas humillaciones?
¿Qué pasa cuando hay mucho arrepentimiento, mucha tristeza, mucha vergüenza, y mucho enojo?
Habrá que mandar todo al demonio, y dejar de intentar. O dejar de pensar. Pero es imposible dejar de pensar. Y tampoco se puede mandar todo al demonio.
Siempre hay que rescatar los buenos momentos. Pero, cuando hay más momentos horrendos que momentos buenos... ¿Qué pasa?
No es tristeza... o sí es tristeza, no se... no lloro.
No es angustia... no es... nada en especial.
Es humillación, es eso. Humillación.
La bronca de no hacer nada bien. La impotencia de sentir que no importa cuánto lo intentes, las cosas no se te dan.
Y vos seguís, porque no querés mirar atrás, no querés que el "pasado" te afecte. Y la remás... y no hay caso.
Tal vez, no intentamos lo suficiente, siempre fui partidaria de que si uno persevera lo suficiente, las cosas se consiguen. Pero cuando perseverás mucho, y seguís sin conseguir nada...
Quizás uno siente que intentó demasiado, y en realidad, no intentó casi nada. Pero el cansancio mental no va a cambiar con el hecho de que, a la vista de otros, o en una vista general, uno intentó poco. El que se cansó de intentar, por más que solo haya intentado dos veces, siente el cansancio de 50 intentos. Es un pensamiento vago, muy vago. Pero es una realidad.
Y es lo que me pasa en este momento.
Pero no hay que dejar de intentar, aún cuando esté en juego la humillación.
Porque, de todas formas... si no ganaste nada, no tenés nada que perder, tenés todas a favor. Cada vez que fracasás, el marcador vuelve a cero, todavía te podés tachar la doble.
Y además, si no seguís intentando... ¿Qué otra cosa vas a hacer?. Porque, nunca vas a poder dejar de pensar, y nunca vas a dejar de ser como sos.
Entonces, al menos, emplealo intentando, aunque fracases, aunque te humilles, aunque te canses.

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